Mireille Fombrun

De Naturas y Pétalos (Sinopsis)

Cuando por primera vez me fijé en la pequeña flor blanca llamada “corregüela” me llamó la atención que, siendo tan diminuta y aparentemente frágil, pudiera esta florecilla contener tanta fuerza y tanta vitalidad. De pronto, me la encontraba por todas partes: adornando, cual si un traje de novia fuera, un talud de césped verde y húmedo o creciendo a la sombra fresca de algún árbol; o bien, de repente la descubría, insólita, agarrada a las grietas y escamas de una antigua pared en ruinas; la veía otras veces de pronto asomarse entre un montículo de piedras, rocas y zarzas, ajena al entorno inhóspito que la rodeaba…  Qué regalo a la vista fue un día descubrirla correteando alegre por las dunas de arena de una playa silvestre y cálida! Así vive: Es brizna de vida pura brotando donde la eches, contra vientos y mareas.

Así pues, un buen día, la corregüela, esa florecilla frágil, discreta y capaz como ella sola de vivir sin hacer ruido, me enredó con su poesía terrenal. Encontró su nicho en mi taller, donde se instaló, convirtiéndose en objeto de mis últimas investigaciones artísticas para la serie Naturas y Pétalos. Durante todo este tiempo se ha hecho grande, ha crecido. Sus formas, sinuosamente sensuales, se han impuesto en mi universo y, sin perder un ápice de delicadeza, han devenido sólidas y monumentales, acogedoras y nutritivas, como los vientres de las Venus de mis inicios.

Venus y Fertilidades – Al principio fueron los vientres y la fecundidad; la arcilla, el elemento que materializaba la idea; claras referencias a la figura humana. Figuras quietas y equilibradas como símbolos del reposo que, poco a poco, evolucionaron abriéndose, estilizándose, multiplicándose. Con el paso del tiempo nacieron las familias, los Niños, conjuntos de formas lúdicas y de creciente cromatismo. Su progresiva estilización hizo necesario el uso del bronce que adelgazó las figuras y las retorció hasta alumbrar el universo de los árboles.

Desde entonces el trabajo ha ido evolucionando hacia este nuevo foco de interés por las formas orgánicas.

La serie Naturas y Pétalos nace del estudio y la observación de árboles, cortezas, ramas, hojas, flores y frutos. A esta transformación le acompaña un cambio importante en el empleo y tratamiento de los materiales. Al uso y experimentación de la cerámica y el bronce se sumaron la escayola, la fibra de vidrio, el aluminio y el hierro fundido.

Hoy observo el conjunto de la obra, y ya no sé distinguir entre venus, campanillas, anémonas de mar, vientres o úteros gigantescos. Voy y vengo entre “mis criaturas”, y quedo felizmente sorprendida de reconocerme, de concluir que en lo más íntimo de mí la esencia permanece. Desde que sé que ciertas cosas tienen el don de regresar, fluyo con todas ellas y desde entonces, en esa condición de soledad que esta forma de amar me impone, hago, deshago, busco, pierdo, encuentro, desencuentro, acierto a veces. Y recuerdo que hay días en que casi no hablo más que con los árboles y las flores de este privilegiado jardín interior. (Mireille Fombrun, 2013)

“…En sus “pétalos” no hay una delimitación precisa entre exterior e interior, entre concavidad y convexidad.

A la artista sólo le interesa realzar la sensación de tridimensionalidad, como refinado juego de luces y sombras,
de “liviandad” y “anclaje”.
Este último término tiene que ver con la tierra, con algo sólido, con peso; y, en cambio, las formas livianas tienen que ver con el aire,
se parecen más a una sugerencia que a una afirmación y,
sin embargo,
ese algo ligero y evanescente que emite la amplitud del sentir
nos llega al alma directamente.
Y es precisamente por su esencialidad,
por lo que nos llegan directamente al interior
sin necesidad de discurso alguno,
como la estela de un cometa viajero que nos acompaña sutilmente en nuestro navegar entre tantos anclajes”
. (José Miranda, Crítico )

“Este aparente contraste se aprecia claramente en Pétalos, la flor blanca que Mireille Fombrun presenta en esta exposición. Se trata de una pieza en la que la materia transmite una sensación de solidez que queda en entredicho a causa de la sensualidad estilística que la acompaña. Además de lo sutil del tema floral, la forma, la textura y las ondulaciones nos incitan a recorrer su superficie con mano acariciadora y, a través del tacto, nos apropiamos de un mundo en el que las cosas son materia y forma, pero también espíritu. Es una prueba más de esa ambivalencia que acompaña a un trabajo que pone en relación lo particular y lo universal, lo terrenal y lo espiritual. Como ella misma dice: “Me siento infinitamenteCuando por primera vez me fijé en la pequeña flor blanca llamada “corregüela” me llamó la atención que, siendo tan diminuta y aparentemente frágil, pudiera esta florecilla contener tanta fuerza y tanta vitalidad. De pronto, me la encontraba por todas partes: adornando, cual si un traje de novia fuera, un talud de césped verde y húmedo o creciendo a la sombra fresca de algún árbol; o bien, de repente la descubría, insólita, agarrada a las grietas y escamas de una antigua pared en ruinas; la veía otras veces de pronto asomarse entre un montículo de piedras, rocas y zarzas, ajena al entorno inhóspito que la rodeaba…  Qué regalo a la vista fue un día descubrirla correteando alegre por las dunas de arena de una playa silvestre y cálida! Así vive: Es brizna de vida pura brotando donde la eches, contra vientos y mareas.

Así pues, un buen día, la corregüela, esa florecilla frágil, discreta y capaz como ella sola de vivir sin hacer ruido, me enredó con su poesía terrenal. Encontró su nicho en mi taller, donde se instaló, convirtiéndose en objeto de mis últimas investigaciones artísticas para la serie Naturas y Pétalos. Durante todo este tiempo se ha hecho grande, ha crecido. Sus formas, sinuosamente sensuales, se han impuesto en mi universo y, sin perder un ápice de delicadeza, han devenido sólidas y monumentales, acogedoras y nutritivas, como los vientres de las Venus de mis inicios.

Venus Fertilidades – Al principio fueron los vientres y la fecundidad; la arcilla, el elemento que materializaba la idea; claras referencias a la figura humana.
Figuras quietas y equilibradas como símbolos del reposo que, poco a poco, evolucionaron abriéndose, estilizándose, multiplicándose. Con el paso del tiempo nacieron las familias, los Niños, conjuntos de formas lúdicas y de creciente cromatismo. Su progresiva estilización hizo necesario el uso del bronce que adelgazó las figuras y las retorció hasta alumbrar el universo de los árboles.

Desde entonces el trabajo ha ido evolucionando hacia

este nuevo foco de interés por las
formas orgánicas. La serie Naturas y Pétalos nace del estudio y la observación de árboles, cortezas, ramas, hojas, flores y frutos. A esta transformación le acompaña un cambio importante en el empleo y tratamiento de los materiales. Al uso y experimentación de la cerámica y el bronce se sumaron la escayola, la fibra de vidrio, el aluminio y el hierro fundido.

Hoy observo el conjunto de la obra, y ya no sé distinguir entre venus, campanillas, anémonas de mar, vientres o úteros gigantescos. Voy y vengo entre “mis criaturas”, y quedo felizmente sorprendida de reconocerme, de concluir que en lo más íntimo de mí la esencia permanece. Desde que sé que ciertas cosas tienen el don de regresar, fluyo con todas ellas y desde entonces, en esa condición de soledad que esta forma de amar me impone, hago, deshago, busco, pierdo, encuentro, desencuentro, acierto a veces. Y recuerdo que hay días en que casi no hablo más que con los árboles y las flores de este privilegiado jardín interior. (Mireille Fombrun, 2013)

“…En sus “pétalos” no hay una delimitación precisa entre exterior e interior, entre concavidad y convexidad.

A la artista sólo le interesa realzar la sensación de tridimensionalidad, como refinado juego de luces y sombras, de “liviandad” y “anclaje”. Este último término tiene que ver con la tierra, con algo sólido, con peso; y, en cambio, las formas livianas tienen que ver con el aire, se parecen más a una sugerencia que a una afirmación y, sin embargo, ese algo ligero y evanescente que emite la amplitud del sentir nos llega al alma directamente. Y es precisamente por su especialidad, por lo que nos llegan directamente al interior sin necesidad de discurso alguno, como la estela de un cometa viajero que nos acompaña sutilmente en nuestro navegar entre tantos anclajes”(José Miranda, Crítico )

“Este aparente contraste se aprecia claramente en Pétalos, la flor blanca que Mireille Fombrun presenta en esta exposición. Se trata de una pieza en la que la materia transmite una sensación de solidez que queda en entredicho a causa de la sensualidad estilística que la acompaña. Además de lo sutil del tema floral, la forma, la textura y las ondulaciones nos incitan a recorrer su superficie con mano acariciadora y, a través del tacto, nos apropiamos de un mundo en el que las cosas son materia y forma, pero también espíritu. Es una prueba más de esa ambivalencia que acompaña a un trabajo que pone en relación lo particular y lo universal, lo terrenal y lo espiritual. Como ella misma dice: “Me siento infinitamente pequeña ante la Naturaleza, y me gusta pensar que mis formas son manifestaciones de las fuerzas de esa naturaleza”. (Juan Botella, Crítico).

 

Anuncios

~ por NandoProjects en 02/12/2013.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: